Ana y su exigencia continua

Ana sentía que no podía más, estaba desbordada, era como si un halo de negatividad la envolviera, sentía que estaba en una continua batalla, como si la vida fuese una lucha constante, una lucha sin fin en la que no había descanso, no había un momento para tomarse un respiro, para sentir, para vivir y encima últimamente le pasaba de todo, sentía que la vida no paraba de ponerle zancadillas.

En su mente siempre había algo que hacer, nunca era suficiente, tenía que conseguir más, hacer más en menos tiempo, no parar ni un segundo, y encima sentía que no se había organizado bien y que todavía tenía que conseguir hacerlo mejor, su exigencia no tenía límites.

Su madre solía decirle “hija así nunca serás feliz”, ella no llegaba a entender por qué se lo decía, y es que su madre podía ver la profunda insatisfacción con que vivía su hija, y sabía que si seguía así nunca sería feliz

Ana era madre divorciada, tenía un hijo precioso de 3 añitos, y era con él tan exigente como con ella misma,  en realidad era así con todo el mundo, y cuando veía alguien que no hacía cosas todo el tiempo, que no estaba en acción constante le hervía la sangre y se enfadaba.

¡Parar para ella era la muerte!!

Llevaba ya dos años con medicación, le faltaba el aire y creía morirse cuando sentía aquella terrible ansiedad que la dejaba paralizada y con temblores por todo el cuerpo.

Finalmente decidió que ya no podía más, algo en su interior le decía que tenía que haber otra forma de vivir, porque así no era feliz.

Fue así como decidió pedir ayuda y comenzar un proceso de coaching, cuando lo hizo se dio cuenta que había en ella una exigencia que no tenía fin, se había proclamado la salvadora familiar, la que tenía que salvar y ocuparse de toda la familia, de los problemas de papá y mamá, de su hermano, de sus parejas, asumiendo que ellos no podían pero ella sí, ella podía con todo y más, se había autonombrado la SUPERPODEROSA ANA.

En algún momento de su vida, probablemente en su infancia había decidido hacerse la más fuerte de su familia, para poder cargar con todo lo que no hacían los demás y ser la salvadora, asumía infinidad de cargas que no le correspondían, eso le había llevado a olvidarse de ella misma, a olvidarse de sus necesidades, de disfrutar de la vida, de ser feliz…

Cuando tomó conciencia de cómo estaba viviendo se dio cuenta que aquella exigencia la estaba destrozando por dentro, no disfrutaba de nada, ni siquiera del tiempo que pasaba con su hijo, y lo peor es que se enfadaba si veía a alguien disfrutar, no celebraba sus logros siempre había que hacer más y aun así quedaba algo pendiente, nada era suficiente, había que hacer hasta el agotamiento y volver a empezar…

 Al darse cuenta de ello vio que tenía que tomar una nueva decisión, quería decir adiós a la SUPERPODEROSA ANA  que no la dejaba vivir y crear una nueva versión de ella misma, con una nueva mentalidad para vivir una nueva vida, llena de felicidad y libertad, quería poder disfrutar de lo que ya tenía y sobre todo de su pequeño.

Realizó un proceso en el que liberó todas aquellas emociones que  la mantenían atrapada en el pasado y creó un nuevo futuro, dejó de sentir aquella terrible exigencia y comenzó a disfrutar de la vida.

Una profunda gratitud inundó todo su ser y se llenó de paz y felicidad, por primera vez en su vida se sentía dichosa, comenzó a disfrutar de todos sus logros y se dio permiso para dar y recibir amor.

Ana había confundido exigencia con avanzar y crecer en la vida, y no eran lo mismo, podemos y debemos elegir crecer y avanzar, pero disfrutando del camino, de cada paso, porque la vida es para vivirla, para sentirla para encontrar el camino de regreso a nuestra esencia y no para pasarla luchando y buscando fuera aquello que debemos encontrar dentro.

Las emociones que nos mantienen atrapados en el pasado no nos dejan crear un futuro diferente porque nos llevan una y otra vez al mismo lugar.

Todos tenemos heridas que se crean en nuestra infancia, y todas esas heridas tienen un para que, sacar recursos de nosotros que de otra forma no sacaríamos, pero cuando esas heridas ya han cumplido su función, comienzan a limitarnos y a doler demasiado,  se vuelven contra nosotros, cuando ocurre eso ha llegado el momento de atenderlas y sanarlas para poder avanzar hacia el encuentro con nosotros mismos, encontrarnos con el amor que somos y comenzar a vivir desde ese amor.

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